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Porque Estoy con Aneurisma
Porque Estoy con Aneurisma
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Un aneurisma es, por definición, una dilatación de unaarteria, generalmente en forma de huso o de saco. Esta dilatación permanente y anormal de las capas de las paredes vasculares delimitada localmente se forma por una alteración de la pared vascular, bien de nacimiento o adquirida. El nombre de aneurisma se deriva del griego y significa “dilatación”.

Porque Estoy con Aneurisma

Un aneurisma en los vasos cercanos al corazón o en la cabeza (cerebro) alberga el riesgo de rasgarse y provocar hemorragias internas potencialmente mortales. Cuanto mayor es el diámetro de la dilatación, mayor será el riesgo porque la presión en la pared vascular también aumenta con el diámetro. Los aneurismas de los vasos alejados del corazónestán llenos de coágulos. Con determinados movimientos, estos coágulos pueden disolverse y provocar embolias.

Un aneurisma puede producirse por diferentes causas. Entre las más frecuentes se encuentra la arteriosclerosis. Mucho menos habituales como desencadenantes de aneurismas verdaderos son las infecciones. La sífilis provoca, por ejemplo, dilataciones (aneurismas aórticos), sobre todo en el denominado arco aórtico (segmento de la aortaascendente) y en la sección de la aorta que conecta directamente con el corazón. Por el contrario, otras inflamaciones provocadas por infecciones de la arteria provocan más frecuentemente dilataciones situadas muy lejos del corazón. En la mayoría de los casos de aneurisma de la pared cardiaca, las causas son infartos de miocardio.

Los aneurismas falsos se producen por lesiones de la pared vascular, la mayoría de las veces las causas del aneurisma son intervenciones de cateterismo para diagnósticos como, por ejemplo, ante la sospecha de un infarto de miocardio.

En un aneurisma disecante la pared arterial de la túnica media está dañada. Las capas de la pared vascular se dividen, por lo que se forma una cavidad. Las causas más frecuentes del aneurisma son la hipertensión, así como debilidades del tejido conjuntivo de nacimiento como, por ejemplo, el síndrome de Marfan y la necrosis quística de la media (síndrome de Erdheim Gsell). También una debilidad adquirida del tejido conjuntivo, que puede darse como secuela de una sífilis, puede ser la causa del aneurisma (mesoaortitis luética). El desgarro de la capa interna (túnica íntima) es, en última instancia, una consecuencia de la alteración de la capa media: permite que la sangre penetre entre las capas del tejido y que se rompa si aumenta la presión.

Si la media ya está lesionada, hay diferentes posibilidades de que la división de la pared vascular siga ampliándose:

  1. La íntima no se desgarra y solo se forma un coágulo localizado.
  2. La íntima se desgarra y posteriormente el flujo de sangre divide cada vez más la pared vascular entre la íntima y la adventicia (capa externa). Esta disección aórtica puede provocar que el vaso afectado se comprima porque el creciente volumen de sangre ejerce una mayor presión sobre la pared vascular.
  3. La sangre fluye paralela a la túnica media dividida y al espacio vascular normal. Si la íntima se sigue desagarrándo a lo largo de la arteria, la sangre puede fluir hacia la aorta. Este proceso se denomina reentrada. En esta dilatación de la túnica media dividida, el volumen de sangre y, por tanto, la presión dentro de la pared, dejan de aumentar. Ya no hay riesgos como un taponamiento cardiaco o un estrechamiento de la rama de la aorta, la reentrada se contempla, por tanto, como una curación espontánea en caso de aneurisma aórtico.
  4. La sangre fluye hacia el entorno vascular, es decir, por la cara vascular externa (adventicia). Si fluye hacia el pericardio exterior, la sangre se atasca e impide que el miocardio se contraiga (lo que se denomina taponamiento cardiaco). Esto afecta a la circulación sanguínea.

Síntomas

En muchos casos, un aneurisma no provoca ningún tipo de síntoma. Solo dilataciones vasculares muy grandes provocan presión sobre los órganos adyacentes o sobre estructuras y, por ello, los afectados las perciben. Dependiendo de dónde esté situado el aneurisma, pueden presentarse diferentes síntomas. Así, en caso de aneurisma aórtico en la zona torácica pueden aparecer los siguientes síntomas:

  • Molestias en la deglución
  • Tos
  • Afonía
  • Dificultades respiratorias

Estas pueden provocar posteriormente trastornos circulatoriosen los brazos o en el cerebro.

Los siguientes síntomas pueden ser indicios de aneurisma aórtico en la zona abdominal:

  • Dolor abdominal
  • Dolor de espalda que puede reflejarse en las piernas
  • Micciones frecuentes
  • En ocasiones, el afectado detecta un “chichón” que late (tumor).

Si la pared de un aneurisma aórtico (aneurisma disecante) se rasga, esto provoca un dolor repentino, cortante y abrumador, que dependiendo del lugar donde se haya producido puede manifestarse en diferentes puntos del cuerpo. Los médicos denominan a este tipo de aneurisma aórtico, disección aórtica. Tras el intenso ataque de dolor se produce un colapso circulatorio. En tal caso, es imprescindible acudir al médico urgentemente.

Si se cierran ramas de la aorta pueden darse considerables trastornos circulatorios en el cerebro, la médula espinal y los brazos. Dependiendo de la extensión del desgarro interno también se produce una circulación deficiente de los órganos abdominales y las piernas.

Los aneurismas situados lejos del corazón están en parte llenos de coágulos (trombosis). Si se suelta parte del trombo, este puede obstruir pequeños vasos (embolia). En caso de aneurisma en la cabeza, o en el cerebro, se producen síntomas de parálisis en la cara debido a la presión que el aneurisma ejerce sobre un nervio. Si se rompe un aneurisma en la cabeza, la consecuencia es un ataque de apoplejía conocido también como derrame cerebral.

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Diagnóstico

En un aneurisma el diagnóstico suele establecerse a menudo casualmente en el marco de un examen rutinario. Esto se debe a que, en muchos casos, no hay molestias que motiven al afectado a ir al médico. Algunos indicios, por ejemplo, una tensión arterial diferente en el brazo derecho e izquierdo o un pulso que cambia rápidamente, pueden ser indicadores de un aneurisma disecante. También fallos de progresión rápida en las funciones nerviosas que pueden llegar a provocar una paraplejia, señalan hacia un aneurisma disecante.

Al auscultar las arterias pueden aparecer ruidos anormales en el pulso que pueden indicar un aneurisma. En caso de aneurisma en los vasos de las extremidades, el médico puede establecer el diagnóstico observando y palpando brazos o piernas. En caso de personas delgadas es posible palpar un aneurisma de la aorta abdominal.

Una ecografía permite un diagnóstico exacto en caso de aneurisma de la arteria abdominal o de la arteria pélvica. El médico puede mandar efectuar una tomografía computerizada (TAC) o una tomografía por resonancia magnética (TRM) para determinar el tamaño del aneurisma y si existe peligro de que explote.

También puede realizarse un examen radiológico especial de los vasos sanguíneos (angiografía) para comprobar la extensión del aneurisma y una tromboangeitis obliterante.

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Tratamiento

En un aneurisma aórtico (disección aórtica) hay diferentes formas de tratamiento. Si dicho aneurisma tiene un diámetro pequeño o hay un riesgo quirúrgico elevado, puede preferirse un tratamiento conservador. Hay dos factores especialmente importantes en el tratamiento de un aneurisma: luchar contra los factores de riesgo y tratar las enfermedades subyacentes. Lo decisivo es reducir la tensión arterial elevada a valores normales. Para ello son adecuados los betabloqueantes que, por un lado, bajan la tensión arterial y, por otro, ralentizan la velocidad con la que la presión aumenta en los vasos. Por otro lado, los afectados deben evitar esfuerzos físicos y regular las deposiciones.

Si hay síntomas o un aneurisma ya grande aumenta visiblemente, es indispensable la intervención quirúrgica. Lo mismo vale en caso de una tensión arterial mala o que no puede regularse. Durante la cirugía, el cirujano sustituye el segmento de la arteria afectado por el aneurisma aórtico. Para ello abre el aneurisma longitudinalmente, coloca un injerto sintético en forma de tubo o de “Y” y cierra de nuevo la pared vascular sobre el injerto.

Desde hace algunos años, los aneurismas aórticos se tratan con ayuda de un stent graft (el llamado tratamiento endovascular). En este caso, los médicos colocan prótesis (grafts) de diferentes materiales con un método mínimamente invasivo (es decir, con cortes minúsculos en la piel, que protegen los tejidos) con ayuda de un catéter en la aorta, para tratar, por ejemplo, un aneurisma aórtico. Los stents sujetan estas prótesis que se introducen plegadas a través del catéter y se despliegan cuando han llegado al lugar exacto.

Aneurisma cerebral

El tratamiento de aneurismas cerebrales solía ser quirúrgico y lo realizaban neurocirujanos. Durante una operación de cerebro abierta (craneotomía), el aneurisma se pinza con ayuda de un clip que suele ser de titano la mayoría de las veces.

Si no es posible este tipo de pinzado por clip, el aneurisma se “envuelve”, “wrapping” (cobertura), significa que la pared del aneurisma se refuerza con tejido o teflón para evitar un posible desgarro.

Desde hace algunos años, hay otro tratamiento para el aneurisma cerebral, la técnica endovascular. En este caso ya no es necesaria una cirugía abierta del cerebro. El médico introduce microespirales de platino (denominados coils) en el aneurisma. Con ayuda de un microcatéter hueco empuja estos coils a través de la arteria de la ingle y de la aorta hasta el cerebro. Los coils no rellenan la dilatación completamente, pero impiden que se forme un coágulo (trombo). De este modo, evitan que siga fluyendo sangre a través del aneurisma hasta el cerebro.

Prevención

Un aneurisma se puede prevenirse solo relativamente. Contrólese regularmente la presión sanguínea. Puesto que fumar aumenta el riesgo de una arteriosclerosis y demasiado alcohol aumenta la tensión arterial, debería dejar de fumar y de beber. También el sobrepeso y los valores de grasa en sangre demasiado altos suponen un riesgo.

Por lo general, un estilo de vida saludable, con una alimentación equilibrada y suficiente ejercicio físico, contribuyen a evitar enfermedades vasculares como un aneurisma.